No sé si has tenido la oportunidad de observar a una madre en la amplitud de un abrazo hacia su hijo.
La que sin pensar, que quizás no recibirá nada, lo da todo.

Quien se queda dormida en la esquina de su cama, esperando que bajen las altas temperaturas de su pequeño enfermo.
La que maximiza sus esfuerzos y amplía horizontes, siempre buscando lo mejor para los suyos.
Ella es especialista en preparar las más creativas y nutritivas meriendas y toma largas horas escuchando la materia aprendida de la escuela.
Quien compró un reloj en el mall y jamás imaginó que debía sumar más horas, para que le alcanzara el tiempo de sus labores.
La que corrió por raspones, siendo una aprendiz de enfermera.
No me es difícil imaginar ahora, pues soy madre y aprendí a serlo observando el ejemplo de la mía, a quien ahora recuerdo con admiración.
Pues ser madre es dar gracias a Dios, por el detalle de haber sido elegidas con ese gran propósito.
¡Felicidades Madres!
Reflexión por: Katty Arana